Nov
15
… o de cómo amar un sociópata asesino.
Cuando anunciaron la serie hace un par de años o así, me dije, “ncht, otra vuelta de tuerca a CSI!” La sinopsis de la serie era algo así como “Brillante forense de Miami usa su trabajo para ocultar las pruebas de sus asesinatos.” Y después de los tres CSI, Crossing Jordan, Bones y demás que no recuerdo, la verdad es que no me llamaba nada la atención otro drama de forenses, aunque éste fuera con un twist.
Pero el amigo Josep Maria no dejaba de recomendármela. “Te gustará,” decía, “Es muy de tu estilo.” Y con la cantidad de series pendientes que tenía y las que semanalmente seguía… pues mucho tiempo/ganas no tenía de ver otra más. Hasta que llegó el divertido layoff en verano. De repente me encontraba con a) mucho tiempo libre; y b) sin series que seguir por haber acabado ya la temporada de todas ellas. Así que me dije, “démosle una oportunidad al Dexter ese!”
… y lo hice…
… y sólo me arrepiento de no haberlo hecho antes.
Basada (al menos la primera temporada) en la novela Darkly Dreaming Dexter de Jeff Lindsay, la serie nos lleva por donde quiere, usando una irónica voz en off (que no es sino la voz interior del sociópata protagonista) para describir el “lo que tú ves, lo que ellos ven” del día a día de un psicópata con conciencia… o al menos un código de conducta: dirigir las ansias asesinas sólo hacia aquellos que lo merecen. Y claro, siendo los malos los que mueren y enfrentándolo con otro psicópata (terriblemente elegante en sus escenarios y por ende, admirado por nuestro Dexter) no puedes evitar sentir una profunda simpatía por el protagonista. Especialmente tras la última escena del final de la primera temporada. En ese momento realmente le entiendes.
Pero claro, la serie aboga por la pena de muerte y el vigilantismo popular (la segunda temporada hace algún comentario al respecto sin ahondar demasiado para mi gusto)… y Dexter jamás se equivoca: nunca mata a alguien que no haya asesinado antes. Lo cual es anatema para cualquier opositor de la pena capital, claro, esta certeza en la aplicación de la justicia es muy bonita y poética en la ficción, imposible en la realidad.
A parte de Dexter, los personajes con los que comparte protagonismo son un buen caldo de cultivo dramático (bueno, menos el otro forense del equipo, que sólo hace de comic relief… pero lo hace muy bien!) : pasados oscuros, infidelidades, adicciones… todo lo esperable en una serie de policías que no quiere jugar al blanco o negro.
En resumen, dadle una oportunidad a Dexter, creo que la disfrutaréis.
